1Coliseo
Anfiteatro inaugurado en el año 80, con una capacidad estimada de al menos 50 000 personas y un subsuelo de túneles y montacargas que hacía surgir fieras en medio de la arena.
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Al mediodía en punto, un cañón dispara desde lo alto del Janículo y media Roma mira el reloj sin soltar el tenedor. Aquí hasta la hora exacta es una tradición, y empezó en 1847.
Las monedas que se lanzan a la Fontana di Trevi se recogen y se donan a Cáritas. En 2016, la estimación fue de cerca de 1,4 millones de euros en un solo año.
De 1652 a 1866, la Piazza Navona se inundaba los fines de semana de agosto para las fiestas de la familia Pamphili.
Roma tiene unos 2500 nasoni, las fuentecillas de calle con agua potable. Tapa con el dedo la salida inferior del caño y el agua sube por un agujerito, directa a la boca.
La Piedad de la Basílica de San Pedro es la única obra que Miguel Ángel firmó: su nombre está grabado en la banda que cruza el pecho de María.
La tradición dice que la Fontana della Barcaccia, al pie de la Escalinata de la Plaza de España, tiene forma de barca porque una crecida del Tíber dejó una embarcación varada en aquella plaza.
1Anfiteatro inaugurado en el año 80, con una capacidad estimada de al menos 50 000 personas y un subsuelo de túneles y montacargas que hacía surgir fieras en medio de la arena.
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2El antiguo centro de la vida pública romana, entre templos, arcos y tribunas, con el Palatino justo encima: la colina que la leyenda vincula con Rómulo, el primer rey de la ciudad.
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3Colecciones reunidas por los papas desde el siglo XVI, con las Estancias de Rafael a mitad del camino y la Capilla Sixtina de Miguel Ángel como gran final del recorrido.
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4La mayor iglesia cristiana del mundo por superficie interior, con una cúpula de casi 137 metros, la Piedad de Miguel Ángel y una plaza abrazada por las columnatas de Bernini.
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5Mausoleo del emperador Adriano convertido en fortaleza de los papas, con un corredor fortificado hasta el Vaticano y una leyenda de arcángel que explica el nombre.
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6Barrio de callejuelas empedradas al otro lado del Tíber, ideal para cenar y caminar sin rumbo, con el mirador del Janículo y su cañón de mediodía justo encima.
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7La antigua villa del cardenal Scipione Borghese, dentro de un parque de unas 80 hectáreas, con esculturas de Bernini, lienzos de Caravaggio y entrada solo con reserva.
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8Los 135 escalones que unen la Piazza di Spagna con la iglesia de la Trinità dei Monti, con la Fontana della Barcaccia abajo y la casa donde murió el poeta John Keats al lado.
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9Fuente barroca concluida en 1762, que ocupa toda la fachada de un palacio y es el punto final del Acqua Vergine, heredera de un acueducto de la Roma Antigua.
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10Templo reconstruido por el emperador Adriano hacia el año 126, con una cúpula de unos 43 metros que sigue siendo la mayor del mundo de hormigón sin armadura.
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11Plaza alargada y ovalada que conserva el contorno de un estadio romano del siglo I y tiene en el centro la Fuente de los Cuatro Ríos, obra de Bernini inaugurada en 1651.
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1Vespasiano empezó la obra y su hijo Tito inauguró el anfiteatro en el año 80, con juegos en los que habrían muerto más de 9000 animales salvajes. Las estimaciones modernas hablan de al menos 50 000 espectadores: un estadio grande en día de clásico, solo que con gladiadores en el césped.
El detalle que cambia la visita está bajo el suelo. Domiciano mandó construir el hipogeo, dos niveles de túneles y jaulas con 80 pozos verticales por donde subían animales y decorados, un efecto especial de la Antigüedad. Para bajar hasta allí hace falta una entrada específica, que suele agotarse antes que las demás.
2Aquí se votaba, se juzgaba, se discursaba y se desfilaba tras las victorias militares. Hoy quedan columnas sueltas, trozos de templos y mucho suelo de piedra irregular, y ese rompecabezas es lo que da gracia al paseo. Busca el Templo de César, levantado por Augusto en el punto donde el cuerpo de Julio César fue quemado ante el pueblo.
Después, sube al Palatino. Desde arriba, el Foro se convierte en un mapa y el Coliseo aparece al fondo. La sombra escasea en toda la zona, así que en verano el sombrero y la botella de agua dejan de ser una sugerencia.
3Todo empezó con una estatua: el Laocoonte, desenterrado en 1506 y llevado al Vaticano por el papa Julio II. Hoy son unas 70 000 obras, 20 000 de ellas expuestas, y casi 7 millones de visitantes al año. En las Estancias de Rafael está La escuela de Atenas, pintada entre 1509 y 1511.
La Capilla Sixtina es la última sala del recorrido. Miguel Ángel pintó el techo entre 1508 y 1512, con más de 300 figuras, y volvió unos 25 años después para el Juicio Final, en la pared del altar. Guarda energía: llegar hasta allí tras horas de galerías forma parte del paquete, y el cuello se va a quejar.
4Las medidas parecen una exageración hasta que entras: 220 metros de largo y espacio para decenas de miles de personas de pie. La obra empezó en 1506 y atravesó más de un siglo, pasando por Bramante, Miguel Ángel y Maderno, mientras Bernini se ocupó de la plaza y de buena parte del interior. La cúpula alcanza los 136,6 metros.
En una capilla a la derecha de la entrada está la Piedad, esculpida entre 1498 y 1499, la única obra que Miguel Ángel firmó. Desde un ataque en 1972, está tras un cristal de protección, renovado en 2024. Fíjate también en el baldaquino de Bernini, erigido sobre el altar papal.
5Adriano mandó levantar el gran cilindro en el siglo II para que sirviera de tumba para él y su familia. Siglos después, los papas lo transformaron en castillo y lo unieron a la Basílica de San Pedro por el Passetto di Borgo, un corredor fortificado. En 1527, durante el Saqueo de Roma, el papa Clemente VII se refugió allí.
El nombre viene de una leyenda: el arcángel Miguel habría aparecido en lo alto del mausoleo, envainando la espada, para anunciar el fin de una peste en el 590. A quien le guste la ópera reconocerá el escenario del tercer acto de Tosca, de Puccini. Llega a pie por el Ponte Sant'Angelo, con sus ángeles de piedra.
6El nombre viene del latín trans Tiberim, al otro lado del Tíber, y el barrio aún tiene aire de lugar aparte: calles torcidas de adoquines, casas antiguas y plazuelas donde las mesas de los restaurantes avanzan sobre la acera. En su corazón está Santa Maria in Trastevere, una de las iglesias más antiguas de Roma, frente a una plaza con fuente que, de noche, se convierte en el salón del barrio.
Antes del mediodía, sube al Janículo, la colina de encima. Un cañón dispara para marcar la hora, tradición retomada en 1959, y la vista abarca cúpulas y campanarios de todo el centro. Después, baja de nuevo y elige el restaurante por el olor.
7Scipione Borghese, sobrino del papa Pablo V, coleccionaba con buen ojo y bolsillo hondo: apostó pronto por Bernini y fue juntando Caravaggios como quien completa un álbum de cromos. El resultado ocupa 20 salas en dos plantas. En Apolo y Dafne, el mármol congela el instante en que la ninfa empieza a convertirse en árbol.
Hay seis Caravaggios en una sola sala, y la Paolina Borghese de Canova recibe al visitante ya en la primera. Las visitas tienen hora fija y tiempo limitado, así que no hay lugar para distraerse. A la salida, el parque de la Villa Borghese, abierto al público en 1903, tiene jardines, otros museos y el mirador del Pincio.
8Construida entre 1723 y 1725, la escalinata sube 135 escalones y 29 metros hasta la iglesia de la Trinità dei Monti, en tramos y curvas que hacen que la subida parezca menor de lo que es. Abajo, la Fontana della Barcaccia tiene forma de barca medio hundida, y la leyenda dice que el papa Urbano VIII la encargó después de que una crecida del Tíber dejara un barco en la plaza.
En la casa de la esquina, a la derecha de quien sube, el poeta inglés John Keats vivió y murió en 1821; hoy el lugar es un museo dedicado a él. Una norma sorprende a mucha gente: sentarse o comer en los escalones puede acarrear una multa.
9Aparece de repente, al final de callejuelas estrechas, y es bastante más grande de lo que sugieren las fotos: unos 26 metros de altura y casi 50 de ancho. Proyectada por Nicola Salvi e inaugurada en 1762, marca la llegada del Acqua Vergine, sucesora de un acueducto abierto en el 19 a. C., con un estruendo de agua que apaga la conversación de todos los que la rodean.
La tradición pide lanzar una moneda de espaldas, con la mano derecha por encima del hombro izquierdo, para asegurar el regreso a Roma. El dinero va a Cáritas. Desde 2026, quien no vive en la ciudad paga una pequeña tarifa para acercarse al agua durante buena parte del día.
10Por fuera parece un pórtico de templo griego pegado a un cilindro. Dentro, la escala cambia: la cúpula mide unos 43 metros de diámetro, la misma medida que la altura desde el suelo hasta lo alto, así que en el salón cabría una esfera perfecta. El óculo, de unos 9 metros, es la única ventana, y por él entran el sol, la luz del atardecer y, de vez en cuando, la lluvia.
Para eso, el suelo tiene una ligera inclinación y desagües discretos. El edificio se convirtió en iglesia en el 609, y el uso continuo ayudó a mantenerlo en pie. Rafael está enterrado aquí, igual que los reyes Víctor Manuel II y Humberto I.
11La forma delata su origen. La plaza ocupa el espacio del estadio construido en tiempos de Domiciano, y por eso parece una pista alargada rodeada de edificios. Entre 1652 y 1866, los fines de semana de agosto, se inundaba para las fiestas de la familia Pamphili: una piscina pública con vistas al barroco.
En el centro, los cuatro gigantes de Bernini representan el Nilo, el Danubio, el Ganges y el Río de la Plata. Muchas guías cuentan que una de las estatuas se cubre el rostro para no ver la iglesia de su rival Borromini, pero la fuente estaba lista antes de que él empezara su obra. El paño del Nilo dice otra cosa: nadie sabía dónde nacía el río.
Los nasoni, las fuentecillas de calle, tienen la misma agua potable que las casas. Lleva una botella y rellénala a voluntad, sobre todo en verano.
El centro histórico se resuelve a pie. Para distancias mayores, el metro tiene tres líneas, y la línea C ahora llega a la estación Colosseo.
El Coliseo, el Panteón y los Museos Vaticanos tienen páginas oficiales de venta, y hay muchos sitios parecidos que cobran más. Comprueba la dirección antes de pagar.
El Coliseo y el Panteón suelen tener entrada gratuita el primer domingo del mes, y los Museos Vaticanos el último. Ahorras dinero, pero espera multitudes.
Para entrar en las basílicas, hombros y rodillas suelen tener que ir cubiertos. Un pañuelo ligero en la mochila lo resuelve.
El Foro y el Palatino tienen muy poca sombra. En verano, deja las ruinas para primera hora de la mañana y los museos para las horas más calurosas.
La cocina romana es de pocos ingredientes y mucha opinión. Las pastas clásicas forman prácticamente una familia: la gricia lleva guanciale, pecorino y pimienta; la carbonara añade huevo; la amatriciana, originaria de la ciudad de Amatrice, pone tomate en lugar del huevo. En Testaccio, antiguo barrio del matadero, sobreviven los platos del quinto quarto, las vísceras que sobraban tras el reparto de las carnes nobles.
Guanciale, huevo, pecorino y pimienta negra. La cremosidad viene del huevo con el queso; si aparece nata, desconfía.
Pecorino romano y pimienta negra, y el nombre significa exactamente eso. Con tan poco en el plato, no hay dónde esconder un error.
Croqueta frita de arroz con salsa de tomate, que se come con la mano. El nombre es una italianización del francés surprise.
Alcachofa frita entera, receta de la comunidad judía de Roma, que se abre como una flor dorada y cruje al morder.
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