Sobre Belvedere
El dorado de El beso puede motivar la reserva, pero el Belvedere Superior merece más que una carrera hasta Klimt. La colección incluye a Schiele y a otros artistas; las ventanas y los salones recuerdan que el edificio nació con otra función. El cuadro más conocido no tiene por qué ser la meta.
Los jardines conectan el Superior con el Inferior, cada uno con programación y entrada propias. Concentra la entrada en el Superior y pasea por afuera. El ingreso es con hora marcada: revisa a qué edificio vas para no empezar la visita con una caminata imprevista.









